Morir en paz: voluntad anticipada en la CDMX

Doña Gina de 65 años decidió recibir cuidados paliativos en su hogar porque no quiere sufrir más en caso de tener una crisis por su enfermedad

Georgina Ramos tiene 65 años, desde niña ha sufrido poliomielitis y en febrero decidió firmar su Voluntad Anticipada para que en la etapa terminal de su vida, ningún médico intente postergar el curso de su muerte.

“Yo puedo ir al hospital, pero ¿para qué? Ya no tengo remedio, ¿para qué me hacen algo más? Una ya no va a estar bien, prefiero quedarme en mi casa, en paz”.

Desde hace ocho años, Georgina quedó postrada en su cama a raíz de una caída que le impidió movilizarse. Actualmente, su diagnóstico es síndrome postpolio y, según su médico, es incurable.

EL UNIVERSAL visitó su domicilio en la colonia Santa Anita, de la delegación Iztacalco, en donde Gina, como le dicen sus médicos, familiares y amigos, se encuentra sobre una camilla hospitalaria en la que tiene el control de la televisión, papel higiénico y medicinas en un cuarto pequeño y oscuro; sus sobrinas y cuidadoras le pusieron una cortina negra y el foco de su habitación tiene una malla para evitar el paso directo de la luz.

Desde 2008, 10 mil 981 personas en la Ciudad de México han firmado la Voluntad Anticipada. En la Constitución capitalina se tiene contemplado el derecho a una muerte digna.

La voluntad anticipada es la prohibición de cualquier persona ante tratamientos y/o procedimientos médicos que pretendan prolongar de manera innecesaria su vida, protegiendo su dignidad, cuando por razones médicas o de fuerza mayor, sea imposible mantener su vida de manera natural, así lo explicó María de la Cruz Medina Mora, responsable del programa en la Secretaría de Salud (Sedesa).

Susana Romero, sicóloga de Georgina, ha trabajado con ella y con sus sobrinas el proceso de aceptación de la enfermedad desde octubre del año pasado, antes de que firmara.

“Georgina se siente bien. Tiene bajas porque el dolor [físico] es muy fuerte para ella, pero la parte de aceptación de la enfermedad va muy bien”, comentó.

La Voluntad Anticipada puede ser gestionada por parte de un paciente en etapa terminal, así como por su familiar más cercano que funge como responsable, en caso de que el enfermo no tenga capacidad de decidir.

Sin embargo, una persona mayor de edad, en pleno uso de sus facultades mentales y en perfectas condiciones físicas, puede solicitar este formato ante un notario público. Aun así, la voluntad será vigente hasta que un médico determine la enfermedad terminal e irreversible.

La mayoría de los que han firmado no están en situación de terminalidad; muchos de ellos ni siquiera están enfermos y pueden pasar muchos años antes de que hagan valer su derecho.

Sin embargo, de las personas que firman en estado de terminalidad, según Medina Mora, mueren en un lapso corto de tiempo: “Hay quien muere en horas o días después de la firma del contrato”.

En caso de que el área médica de cualquier hospital o centro de salud diagnostique una enfermedad terminal, debe informar a la persona y a sus familiares sobre este derecho, sin embargo, la especialista admitió que todavía hay médicos en la Ciudad de México que no saben sobre esta legislación.

“En cualquier situación que no se esté cumpliendo la voluntad, nosotros [Sedesa] intervenimos porque es un derecho legal y estamos pugnando para que todas las personas lo conozcan y lo puedan ejercer”.

Agregó que los familiares o enfermos deben hacer del conocimiento de los médicos que han solicitado su Voluntad Anticipada ya que, en una emergencia, sólo se debe estabilizar a la persona para que pueda volver a casa o para que se pueda quedar en el hospital, pero debe continuar con el tratamiento paliativo, sin tomar medidas extraordinarias; si cae en paro no se le debe reanimar, no se le debe entubar.

El documento de voluntad original se lo queda el paciente, una copia se queda en el expediente clínico y otra copia la tiene el Programa en la Secretaría de Salud. “Cuando firman estamos favoreciendo que la persona reciba la atención que está solicitando”, aseguró María de la Cruz Medina.

El proceso puede ser realizado en cualquier hospital público o privado de la capital, aunado a esto, la Secretaría de Salud promueve el apoyo de Médico en tu Casa, en el que especialistas llevan atención médica paliativa, terapia sicológica y asesoría nutricional hasta la vivienda del paciente.

“Lo más importante [de estos programas] es sensibilizar al paciente y a la familia, ayudarlos a aceptar la enfermedad y mejorar la calidad de vida para que vivan la última etapa en paz y dignamente”, manifestó Óscar Rojas Calixto, coordinador del programa en la Jurisdicción Sanitaria de la delegación Iztacalco.

Desde 2008, esta jurisdicción ha inscrito a 22 pacientes a los cuales también se les brinda atención de Médico en tu Casa.

Según datos de Rojas Calixto, la mayoría de los pacientes que están inscritos en este programa en la Jurisdicción Iztacalco tienen enfermedades crónico-degenerativas como diabetes, cáncer de mama, cáncer cervicouterino, cáncer de pene e hipertensión.

Lina, la sobrina y principal cuidadora de Gina, comentó que continuamente los médicos le hacen exámenes de sangre y le dan medicamentos para tos, infecciones en el riñón y estreñimiento, totalmente gratuitos.

“La bañamos una vez a la semana porque no la podemos mover tan fácil, su dolor se hace cada vez más fuerte, sus huesos están muy afectados, la columna está deformada, tiene una pierna zafada de la cadera, algunas costillas no las tiene unidas a la columna, su piel ya no está firme, la lastimamos mucho cuando la movemos”, describió.

Lina considera que es necesario reformar una ley como la eutanasia para acortar el sufrimiento de los enfermos terminales. “Yo sé que los médicos estudian para ayudar a las personas a seguir con su vida (…) Creo que sí está bien la Voluntad Anticipada, pero deberían ampliarlo a darle la opción a los pacientes de decidir hasta aquí llegué”.

La responsable del programa de Voluntad Anticipada convocó a los ciudadanos a solicitar el servicio de Médico en tu Casa, el cual ayuda a las personas que no tienen seguridad social y que por sus condiciones físicas, motoras o cognitivas, no pueden ir a un hospital.

 

Esta noticia pertenece a El Universal
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